Transitando.
No sé si les pasa, al menos yo, en este momento pandémico, me siento como en transe. Me encontré de repente con mucho tiempo libre. Terminé el curso de diseño de interiores en el 2019, cursé durante dos años, y entre los laburos, el tiempo que requería cursar, los trabajos que tenía que hacer en casa, y mi rol de madre, viví unos años a full. Ya venía viviendo así, a ese ritmo, por una cosa u otra. En el 2020 tenía planes de estudiar nuevamente, esta vez, Diseño Gráfico, creía que podía aportar para poder armar mi marca de Diseño. Empezó la pandemia querida, empecé el curso online, y así fue como quedó en el camino. Me gusta presenciar, compartir, conocer gente, poder intercambiar ideas, "ao vivo", no a través de chats y mails. Así que desistí. Desistir no es un verbo y acción que me identifique, para nada, pero asumí que a veces no todo depende de uno, por más garra que uno ponga. Así que así comencé a transitar este paréntesis, así lo llamo, y no quiere decir que no lo haya o esté viviendo. Pero es la 1era vez, en casi 12 años, que paro. Qué me encuentro con tiempo, mucho tiempo, suficiente para estar un buen rato al día "silloneando".
Sillonear se trata
de mirar pelis, mirar el cielo a través de mi ventanal, de tocar la guitarra,
de perderme en el celular, en el vicio de internet, en hablar con amigas, en
fin, en hacer todo lo que antes hacía de noche y hacía que me durmiera a las
mil quinientas, porque era el único momento que tenía para desenchufar. Debo
confesar que lo hago (cada vez menos), con culpa. Los 1 eros. días con tanto
tiempo libre, estaba con esa sensación de estar olvidándome de algo. Me costaba
mucho, ahora aún un poco, el hecho de estar haciendo Nada. Simplemente nada. Mi
mente es dominada por el "tengo que" y "debo" y mucho después
por el "quiero" o "necesito". Llevo años con la necesidad
de tener todo controlado, todo programado, todo estructurado, para finalmente
sentirme segura. Obvio que todo esto lo veo ahora, junto a la terapia que estoy
haciendo; si fuese tan consciente, me hubiese manejado de otra manera. Nuestra
forma de vivir y actuar es a mi modo de pensar, consecuencia de vivencias
fuertes, traumáticas, algunas tristes, intensas. Cuando la vida nos obliga a
parar, todo ese tren que circulaba casi en automático, a una velocidad
exagerada, se descarrila, se desorienta, vuelca y frena. Y cuando frena es
cuando tomamos consciencia de todo lo que cargamos hasta ese instante, lo
bueno, lo malo, y lo que nos olvidamos en el camino. Es como un cachetazo, como
un despertar. Despertar y tomar consciencia de que fui y soy una mujer fuerte y
luchadora, pero que también necesito parar, apoyarme en el otro, aprender a
decir no puedo, no quiero, no me suma... SENTIR. Escucharme, transitar,
descubrir, y redescubrir esa nena y adolescente que fui, sensible, soñadora,
enamoradiza, risueña, divertida... Reencontrarme.
Así estoy, en un
momento de transición.
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